• Ricardo

De vocación y relación

Me dedico a esta profesión, quiero pensar que todos mis colegas también, por vocación. Esto significa que decidí canalizar mi amor, respeto y pasión por los perros en adquirir un conocimiento más profundo sobre ellos - sigo en ello y seguiré aprendiendo de ellos el resto de mi vida - para poder vivir ayudándolos cualquiera que fuere su problema. Esta es la razón por la que, con el tiempo, me he ido especializando en la rama del comportamiento-etología, la educación y la rehabilitación canina por encima de otras variantes del mundo canino, pero esa es otra historia.

Vocación y relación

Cuando hablamos de vocación tendemos implícitamente a asociarlo con respeto aunque no sea así en todos los casos. Esa siempre ha sido una de mis premisas. Tratarlos conforme a lo que son; animales sociales, pensantes y sintieses los cuales merecen el debido respeto. A consecuencia de esto, en cada uno de mis casos el perro suele estar feliz y contento a mi lado - caso aparte perros con inseguridad, miedo o con ciertos tipos de agresión.

Respeto

Nunca dejará de sorprenderme cuando, tras haber trabajado con un perro en sus primeros meses de vida y al volver a verlo tiempo después para alguna sesión de control o mejora de algún aspecto, se hace pis prácticamente sin ser consciente debido a que la alegría le ha desbordado al ver a un viejo amigo. Me ha llegado a pasar en perros de más de dos años los cuales llevaban ya mucho tiempo sin tener ese “accidente” al ver a alguien conocido. Cada vez que ocurre todos los presentes sacamos una gran sonrisa, a pesar de tener que sacar también la fregona. Algo así es evidencia clara de que el trato sobre el perro y el trabajo que se han hecho han sido siempre basados en el respeto, una sana relación y la diversión. Y por supuesto, me confirma que hago lo que hago de una manera que considero correcta.


Existe un medio de tener un trato correcto independientemente de la ética de trabajo que cada profesional adquiera, que por otra parte es un pilar fundamental a la hora de trabajar con otros seres vivos que no tienen por qué entendernos y que a menudo están a nuestra merced.

Este medio es la etología canina o estudio del comportamiento canino. A través de ella y por medio de la constante observación hemos logrado adquirir un conocimiento más profundo de su forma de entender el mundo y de su forma de comportarse, tanto con nosotros, los humanos, como con otros perros y otras especies.



Cuando veo un nuevo caso es común que los propietarios “lean” correctamente a sus perros de manera general. Sin embargo, no son capaces de interpretar algunas situaciones conflictivas en las que sus perros están siendo muy claros o de entender las señales de otros perros que se comunican de manera diferente. Mi evolución como educador me lleva, cada vez más, a transmitir a las personas lo que están comunicando sus perros en todo momento. Los tratamientos y las baterías de pautas son necesarios para el trabajo pero si no se inculcan conocimientos sobre etología y se enseña a entenderlos, no les estaremos dando el trato que se merecen ni, por tanto, mejorando la calidad de vida y la convivencia entre perros y humanos que es, en última instancia, lo que busco y por lo que me dedico a esta maravillosa profesión.


Empatía

Más allá de unas metodologías u otras, desde el premio más suculento al castigo más bárbaro, si sabemos qué quieren decir con sus acciones nuestra respuesta será coherente con sus actos y esto conllevará implícitamente un trato adecuado hacia el animal. No creo que haya una mejor forma de relacionarnos con ellos que a través del entendimiento.

Ricardo Matute

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