De sensaciones y objetivos


Quiero iniciar el blog hablando acerca de mi propósito cuando trabajo con cada cliente y, por extensión, mi objetivo para cualquier persona con perro y para cada perro. Para ello voy a mostrar un vídeo que ejemplifica adecuadamente la idea que me guía y que nos emocionó tanto al cliente como a mí y al equipo de Matucan. Invito a verlo ahora y de nuevo después de leer la entrada al completo.




Lo que acabas de ver es un vídeo en el que se ve algo tan simple como un perro subiendo al coche cuando se lo indica su dueño, pero detrás de todo esto hay muchísimo esfuerzo y una enorme recompensa. Óskar es un perro adoptado en su adolescencia, quien desde un primer momento tuvo enormes problemas para acercarse y subir al coche. Se podría decir que es el perro con más problemas para acceder a un vehículo con el que hemos trabajado hasta ahora, perros con miedo generalizado aparte. Es decir, Óskar es un perro feliz, juguetón, cariñoso… en resumen equilibrado, con un problema muy específico para acercarse y subir al coche y con mucho sufrimiento una vez dentro. Como referencia comentaré que, sólo con oír el sonido de apertura del mando de las puertas del coche a 10 metros de distancia, el perro huía.

En esta, como en muchas otras ocasiones, desconozco el porqué de su comportamiento. Lo conozco desde cachorro por mi relación con la asociación protectora que lo tenía. No sufrió ningún trauma del que tenga constancia. Los factores que hacen emerger algo así son numerosos pero en mi profesión, afortunadamente, no es siempre absolutamente necesario conocer el porqué de un problema para poder solucionarlo. Sobra decir que conocerlo siempre es una gran ayuda para cualquier tratamiento.

Óskar necesitó de meses para llegar al punto que has visto. Se probaron diferentes métodos para solucionar el problema sin causar trauma, respetando siempre al perro como lo que es, un ser vivo pensante y sintiente, con una forma de ver el mundo muy diferente a la nuestra, al que amamos y el cual nos corresponde recíprocamente.

En este caso, como en tantos otros, solo se comenzaron a ver resultados cuando empezaron a asentarse las bases de una sana relación familiar, junto con la ayuda de uno de los pilares más importantes en el día a día con los perros, el adiestramiento.





Vamos a explicar estos tres fundamentos:


La vinculación: este término, tan manido como abstracto para muchos, es el cimiento de cualquier relación. Sin ella no tenemos nada y se debe trabajar siempre en fortalecerla primero. Desde perros de ciudad hasta campeones de deporte o trabajadores incansables de rescate y detección, no hay ningún “buen perro” - conste que esta expresión no es de mi agrado por su inexactitud pero resulta muy descriptiva para el tema que acontece y su uso está muy extendido - que no tenga una sana y fuerte vinculación con su dueño. Estas relaciones se ven cada día en el parque. Muchos de los llamados perros “obedientes” lo que llevan detrás es una potente y saludable vinculación con sus respectivos dueños. Esto es algo que se logra con el tiempo, ni eres el mejor amigo de tu mejor amigo en dos meses, ni tienes la misma relación a los dos meses que a los dos años. Este ejemplo siempre me ha parecido muy claro para entenderlo y se lo digo así a todos mis clientes.



La confianza: viene con la vinculación pero hay que ganársela. Se consigue a través de ser claro en la comunicación con ellos, no engañarlos ofreciendo premios que después no se dan, claridad en el trato o lo que es lo mismo, respeto. Sin confianza ningún adiestramiento será consistente.


El adiestramiento: entendido siempre como un medio para lograr un fin (educacional) y no como un fin en sí mismo. Tener un adiestramiento respetuoso y consistente creado y supervisado por profesionales es, además de una necesidad y una vía de mejora de la calidad de vida de todo el grupo social, un pilar fundamental de nuestra relación. No se debe entender como un entrenamiento sino como una educación. Nos sorprende si vemos niños que no van a la escuela pero tenemos normalizado que solo los perros con problemas deben ir “a clase”, esto es algo que debe ir cambiando.

Volviendo a Óskar, en el vídeo se observa cómo su dueño (Miguel Ángel) primero le pide amablemente que vaya hacia él. -La llamada es el ejercicio por excelencia de un adiestramiento de calle que cualquier propietario debería tener construido-. Tras un momento de duda, Miguel Ángel le vuelve a pedir que se acerque (comunicación clara) y finalmente Óskar se acerca. Este tipo de ejercicios requieren de mucho trabajo y perseverancia, “Zamora no se ganó en una hora”. Tras acercarse, Miguel Ángel le acaricia con su voz. Esto forma parte de la vinculación y de la confianza.


La primera vez que esto ocurrió fue en el vídeo que has visto, no te puedes imaginar la cara de felicidad de Miguel Ángel y la normalidad con la que lo hizo Óskar. Esto se debió a que perro y dueño habían logrado un perfecto entendimiento, con una fuerte vinculación, confianza mutua ante cualquier situación y una buena llamada de adiestramiento como objetivo acercarse al coche y vía para lograr objetivos más altos.

Es tremendamente reconfortante y motivante lograr inculcar estos factores educativos y de convivencia en las personas y en sus perros. Por tópico que parezca, la sensación de haber logrado que perro y humano hayan alcanzado ese nivel de comprensión, respeto y confianza mutuos es de las que te hacen sentir que ese es el camino a seguir, y dan mucha fuerza y confianza.


Mi labor no es solo solucionar un problema; como educador canino creo firmemente que mi deber es enseñar a las personas a entender a los perros, mejorar su relación con ellos y darles medios paro alcanzar cotas más altas de felicidad. Cuando consigo esto me siento una persona muy afortunada.


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